miércoles, 24 de marzo de 2010

¡Canta, canta! no deja morir

Iba del otro lado del bus. Él junto a la ventana de la derecha, yo exactamente al lado de la ventana de la izquierda. El cabello rizado, castaño, la piel blanca, una mirada paciente, dulce, pendiente de todo.
Nos separaba un abismo de espacio, de tiempo, de los rayos de la tarde caída, silencios que se rompían con los gritos sordos de sonrisas cómplices. Un libro en las manos y una ceja con iniciativa.

El camino de siempre y la gente ausente. Llegamos a la parada del Paseo. Hombres de negro, de luto, eran jóvenes, no pasaban los 19, llevaban camándulas, iban llorando; les escuché decir "maldito", "¿por qué son así?", "que ya le bajen"...
Sin duda, era el rostro de Chico Garay el que llevaban en fotografías. Mi acompañante se perturbó, su mirada tranquila se tornó incómoda, quería hacer algo. Comenzó a cantar quedito "Cuando la luna y el tiempo llamen tu voz, recuerda las palabras que nunca el viento se llevó..."
Subía más gente, todos callaban. El hombre del saxofón se subió donde siempre y decidió acompañar al castaño. Uno de negro lloraba. Sólo un niño jugaba al fondo, le preguntaba a la madre el porqué de tantas cosas.

Quien canta dice más del que calla, por eso cantaba, si la gente escucha sería ganancia sino la culpa no es sólo suya.

Se preguntaban qué hacer, a dónde ir... no pude terminar de saberlo pues la 5a estaba cerca.

jueves, 11 de marzo de 2010

¡Ésta es la 5ª calle, bienvenidos a su acera!


La calle es un espacio urbano lineal que permite la circulación de personas; todos, sin darnos cuenta habitamos en ella. Desfiles, entierros, árboles, cines, lágrimas y caricias; la calle nos acompaña y observa. Nunca nos deja, siempre nos espera.



Aquí un poema de un habitante simpático escrito por Ernestina de Champourcin


Cruzó el perro la calle.

Era el perrillo aquel de las migajas,

el que espera debajo de la mesa,

el que no tiene nombre

y al que si se extravía

no lo reclama nadie.

Y era el único ser

en tarde de domingo.

-Allá enfrente la ausencia

de ese árbol que daba su verdor

en un sitio imposible.

Y el perro por la acera

seguro y solitario.

¿A dónde iría hoy

en esta hora muerta

sin coches ni autobuses,

con un pasito breve,

voluntarioso, firme?

Una mano invisible

le alisa la pelambre.



Y es que algo parecido anda Chumbulùm, el french que cuida la carpinterìa de la 5a