Nos separaba un abismo de espacio, de tiempo, de los rayos de la tarde caída, silencios que se rompían con los gritos sordos de sonrisas cómplices. Un libro en las manos y una ceja con iniciativa.
El camino de siempre y la gente ausente. Llegamos a la parada del Paseo. Hombres de negro, de luto, eran jóvenes, no pasaban los 19, llevaban camándulas, iban llorando; les escuché decir "maldito", "¿por qué son así?", "que ya le bajen"...
Sin duda, era el rostro de Chico Garay el que llevaban en fotografías. Mi acompañante se perturbó, su mirada tranquila se tornó incómoda, quería hacer algo. Comenzó a cantar quedito "Cuando la luna y el tiempo llamen tu voz, recuerda las palabras que nunca el viento se llevó..."
Subía más gente, todos callaban. El hombre del saxofón se subió donde siempre y decidió acompañar al castaño. Uno de negro lloraba. Sólo un niño jugaba al fondo, le preguntaba a la madre el porqué de tantas cosas.
Quien canta dice más del que calla, por eso cantaba, si la gente escucha sería ganancia sino la culpa no es sólo suya.
Se preguntaban qué hacer, a dónde ir... no pude terminar de saberlo pues la 5a estaba cerca.